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La Administración Trump «pierde» a 1.500 niños que entraron solos en EE.UU.

29 de mayo de 2018 9:31 am | Migración |

La Administración estadounidense ha reconocido haber perdido la pista de 1.475 niños inmigrantes, procedentes de países centroamericanos, que repartió entre tutores particulares el pasado año y a los que, ahora, no ha podido localizar. Los menores, que habían entrado en el país cruzando la frontera de Estados Unidos por Texas, formaban parte de un grupo de algo más de 7.600, a quienes el Departamento de Servicios Humanos y de Salud puso en manos de adultos nombrados «sponsors» en 2017, un procedimiento habitual para dar cobijo a los miles de niños que entran en el país de manera ilegal.

Las autoridades han informado de que, siguiendo el protocolo correspondiente, los pasados meses de octubre, noviembre y diciembre contactó con los tutores, para confirmar que los menores se encontraban allí y a buen recaudo. De los 7.635 que conformaban el grupo original, 6.075 se hallaban aún en su destino, mientras que de 28 les consta que se han escapado, 52 viven ahora con otras personas, cinco han sido deportados, y del resto las autoridades no tienen información.

El episodio protagonizado por las autoridades norteamericanas no es un fenómeno aislado ni reciente. Las deficiencias del sistema para hacer el adecuado seguimiento a los niños inmigrantes elevan hoy a «cientos de miles» los que han terminado quedando fuera del radar de la Administración, según asegura a BBC Mundo el experto en la materia y director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la American University, Eric Hershberg. Y eso pese a que el 85% de ellos son ubicados con familiares o conocidos, y un 60%, con sus propios padres, según datos oficiales.


Caos Generalizado

Una lamentable situación a la que ayuda el alto número de menores que entran ilegalmente cada año en Estados Unidos. Según la agencia del Departamento de Servicios Humanos que se encarga de esa labor, más de 250.000 niños han tenido que ser ubicados sólo desde 2008.

Pero las organizaciones humanitarias no se cansan de llamar la atención sobre las fallas que presenta el procedimiento oficial, lo que en muchas ocasiones deja a los menores al albur de situaciones extremas, entre ellas la inanición o los malos tratos. Además, la falta de información de los afectados, que suelen desconocer el funcionamiento del sistema, o el propio temor de sus tutores a que sean detenidos y deportados, contribuyen a multiplicar el número de niños «desaparecidos».

La desventura de muchos de ellos, la gran mayoría de los cuales huyen de la violencia y el hambre en algunas zonas de México, El Salvador, Honduras y Guatemala, arranca cuando emprenden el rumbo a lo que consideran la Tierra Prometida. Después de miles de kilómetros recorridos en difíciles circunstancias, atravesando selvas, lagos y ríos, previo pago en el caso de quienes recibieron algo de dinero de unos padres esperanzados en un mejor futuro para su hijo, los niños son detenidos al entrar en Estados Unidos. La Oficina de Aduanas declara que entre octubre de 2017 y el pasado abril, aprehendieron a 26.000 menores que no iban acompañados. En el caso de la última remesa, a pesar de que desde ciertos sectores se había acusado a la Administración de haber separado a los niños de sus padres (algo que sí se está haciendo en otras circunstancias), la práctica totalidad cruzaron solos la frontera.

Una vez detenidos, empieza la odisea administrativa para los menores, que son enviados a albergues bajo la supervisión de la Oficina de Reasentamiento de Refugiados, a la espera de contactar con familiares u otro tipo de adultos donde puedan ser reubicados. Los expertos denuncian que no existe un seguimiento adecuado de los niños, cuya lógica ignorancia les convierte a menudo en víctimas del propio sistema que desconocen.

La «desaparición» de los menores llega en el momento más comprometido para la Administración Trump, cuyo endurecimiento de la política de inmigración está siendo contestada por un sector del Partido Republicano. Especialmente aquellos candidatos al Congreso que observan con temor cómo la suspensión oficial del programa (DACA), que protegía a los «dreamers» (llegados en la infancia hasta 2006 y ahora instalados en el sistema), ha generado malestar en los estados o circunscripciones por los que se presentan.

El gesto de Ivanka Trump

Aunque las mayores críticas se las ha llevado Ivanka Trump, que el domingo difundió una fotografía en Twitter acompañada de su hijo de dos años. Actores y otros personajes vinculados al Partido Demócrata han arremetido contra la hija del presidente por una imagen en la que presume de su hijo y del amor que siente hacia él. Con el texto «Mi amor» y la etiqueta #Sunday Morning, la mayor de las hijas de Trump se muestra feliz y orgullosa junto a Theodore.

Promovidas por el actor Patton Oswalt, las críticas se fundamentan en la «inoportunidad» por el momento elegido por ella para la difusión de la imagen, con casi 1.500 menores descontrolados dentro de los Estados Unidos: «¿Era exactamente éste el mejor momento, verdad Ivanka?», inquiere en tono irónico Oswalt. Para Brian Klaas, exasesor demócrata, la hija de Trump protagoniza un detalle de «mal gusto, aún peor cuando es cómplice de la política salvaje de su padre en inmigración».




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