Baja California - Lunes 10 de Diciembre

Entre el populismo y los nefarios

10-5-2018  |  Dr. Tomas Bermudez  |  Artículo

Tanto la economía keynesiana, como una posición crítica de la política exterior de Estados Unidos han sido prácticas sustanciales del populismo latinoamericano, tanto de los años 1930-1950, como la más reciente ola de la “nueva izquierda” de los 2000.



Demasiados conceptos sobre el populismo, que intento hacer una breve revisión sobre este tema, este es un vocablo de suma ambigüedad, ampliamente empleado, y definido por la Real Academia Española como “Tendencia política que pretende atraerse a las clases populares”.

Posiblemente el primer movimiento político con esa denominación fue el naródnik (como adjetivo, naródnichestvo como sustantivo) ruso del siglo XIX – Ideología pequeño-burguesa, idealista, que hizo su aparición en Rusia durante las décadas del sesenta y del setenta del siglo pasado. Lenin dio la siguiente definición del populismo: “Representa los intereses de los productores desde el punto de vista del pequeño productor, del pequeño burgués”.

El populismo con una “significación peyorativa” es el uso de “medidas de gobierno populares”, destinadas a ganar la simpatía de la población, particularmente si esta posee derecho a voto, aun a costa de tomar medidas contrarias al Estado democrático.

Sin embargo, a pesar de las características anticonstitucionales que pueda tener, su objetivo primordial no es transformar profundamente las estructuras y relaciones sociales, económicas y políticas (en muchos casos los movimientos populistas planean evitarlo), sino preservar el poder y la hegemonía política a través de la popularidad entre las masas.

En sentido general, sectores socialistas y comunistas han utilizado el término “populista” para definir a los gobiernos que -aún favoreciendo a los “sectores populares” (principalmente a la clase obrera) no pretenden terminar con el sistema capitalista.

Tanto la economía keynesiana, como una posición crítica de la política exterior de Estados Unidos han sido prácticas sustanciales del populismo latinoamericano, tanto de los años 1930-1950, como la más reciente ola de la “nueva izquierda” de los 2000.

En el caso europeo de los 2010, la crítica principal es a la hegemonía y dominio de los intereses políticos alemanes y el sector financiero global.

Así el populismo latinoamericano es una expresión polisémica que utilizan algunos especialistas, periodistas y políticos para calificar a movimientos o expresiones políticas de América Latina que no se califican a sí mismos como “populistas”. En muchos casos la expresión es utilizada con un sentido peyorativo por grupos opositores en el marco de la competencia política.

Según Feinman, el término “populismo” fue promovido junto al término “demagogia”, para justificar los golpes de Estado y las políticas neoliberales en América Latina.

Con ese enfoque, algunos investigadores han sostenido que quienes utilizan esta expresión, le atribuyen un sesgo derogatorio relacionado con la obtención de “clientela electoral”, con los movimientos sociales, y hasta se ha dicho que es un modelo de Estado. Esto demuestra una de sus más problemáticas características: la polisemia, lo cual permite una misma palabra sea utilizada para decir cosas diferentes.

En algunas ocasiones se utiliza el término “populista” como sinónimo de partidario del poder del “pueblo”, cercana a “demócrata”, mientras que en otros casos se utiliza como una estrategia política malversada por los partidos políticos, o simplemente como un sustantivo sinónimo de los movimientos sociales latinoamericanos; esta situación hace que su definición y utilización redunden en el anacronismo y reduccionismo político e historiográfico.

Joven, razona tu voto y no entregues al país a ese grupúsculo de nefarios “populistas”. Aequam memento rebus in arduis servare mentem. “Recuerda mantener la mente serena en momentos difíciles”.



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