Baja California - Martes 27 de Junio

De antipolitica y cosas peores

15-11-2016  |  Dr. Tomas Bermudez  |  Artículo

La antipolítica es el relato racionalizador dominante que hacemos sobre la incapacidad de la política de motorizar cambios en la sociedad (la impotencia de sus instituciones: Estado, sindicato, partido, etc.) En el sentido más común del término antipolítica define la actitud de aquellos que se oponen a la política práctica de juzgar el poder y, por lo tanto, las partes y los representantes políticos, considerarlos en el "imaginario colectivo", dedicado a los intereses y no personal al bien común.

A la semejanza con el término anti-política, en sentido negativo-peyorativa, puede ser entendido simplemente directamente este tipo de pseudo-política que se opone a la política apropiada en lugar dedicado a salvaguardar el interés colectivo. Además, mucho se ha escrito en los últimos años acerca de la crisis y/o el declive de la política, del hombre público, de las ideologías y de las identidades y tradiciones partidarias.

Sin embargo, lo que se pretende analizar en estas líneas no es el descontento ciudadano con la actividad política, la crisis y declinación de los partidos políticos y del Congreso como instituciones que canalizan y expresan legítimamente la relación entre los ciudadanos y el Estado, o la desafección general hacia los líderes que actúan como representantes políticos, lo que habitualmente la ciencia política ha definido como la crisis de representación o crisis de representatividad política.

Son numerosos los equívocos sobre la llamada antipolítica, quizás más de los que persiguen al término fascista, usado por unos y otros para descalificar a los adversarios de turno. Un relato perverso, porque esta incapacidad de cambio en lo social la antipolitica ubica responsabilidades absolutamente en la propia política y sus actores individuales.

Queda entonces oculto la derrota de la propia política como causa de esa incapacidad; derrota escondida que implica también el ocultamiento, el triunfo del "mercado" como verdadero agente dominante de cambio en la sociedad.

El "mercado" cada vez más responsable queda entonces totalmente oculto en el discurso antipolítico. Lo perverso del ocultamiento implícito en el relato antipolítico es que lleva agua al molino de transferir más poder de cambio al "mercado" en detrimento de la propia política.

Un círculo perverso que retroalimenta responsabilidad en la política que en los hechos cada vez la tiene menos. Y si de perversidades se trata he ahí la funcionalidad de los mass media; insistir e insistir sobre el relato de la incapacidad y la impotencia de la política para transferirle responsabilidad a la misma y al mismo tiempo propiciar el terreno fértil para transferir cada vez más poder al "mercado".

Y aquí tenemos la explicación lógica del triunfo hace unos días de Trump, el verdadero paladín de la antipolítica americana, posterior al trágico martes de la unión americana. Todo lo cual nos lleva a una gran interrogante. ¿Es la anti-política anatema de los partidos o, por el contrario, expresión de un descontento que aflora en contra de una forma de hacer política que no encaja con la nueva realidad? O es una cuarta vía.

Yendo a lo inmediato. ¿Podrá Donald Trump retener el control de una sociedad moderna y empoderada? ¿Pueden los partidos de ayer, que en alguna medida son los mismos de hoy, responder a las apremiantes demandas de la modernidad contemporánea?

Semper et infirme est animi exiguique voluptas ultio.
"La venganza es siempre el placer de un alma débil y ruin".

Comentarios: tomymx@me.com



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